Félix pensó que los buitres se extinguirían… pero se recuperaron. ‘El Cárabo’ les dedica una monografía

“El poderoso pueblo de los buitres se extingue porque ya no encuentran comida. Su tragedia está perfectamente representada en la extinción del quebrantahuesos. Vamos a hablarles, quizá se lo cuenten los propios buitres, de porqué van a desaparecer. De cuál es su tragedia. De cómo vivieron, desde que seguían desde el cielo al cazador paleolítico que mataba y dejaba en el campo parte de su trofeo porque no podía transportarlo entero hasta la caverna pintada, hasta el día en que en un monstruo mal oliente, cuyos tejidos no se podían comer porque eran de hierro, cuya respiración envenenada, porque era de monóxido de carbono, sustituyó en el campo al viejo caballejo que llevaba sobre sus costillares a los niños rurales de antaño, a los niños curiosos que, sin saberlo, eran como una síntesis y una gloria de los propios campos que pisaban.”

Así cerraba Félix Rodríguez de la Fuente un programa en Radio Nacional de España el 8 de octubre de 1974.

En ese mismo programa hablaba de cómo le había influido contemplar a los buitres en su infancia, que describía así:

“Los buitres leonados empezaban a caer del cielo, haciendo gran ruido, con las alas desplegadas en forma de paracaídas. La excitación de los alimoches no tenía límite cuando llegaban los grandes leonados, con su pico de piedra, poderoso, cortante, que parece de sílex del que usaban los primitivos cortadores de pellejos. Abrían rápidamente la piel del borriquillo, penetrando por las partes más blandas, los orificios naturales, la zona de los omoplatos. Iban perforando profundos túneles sangrientos,  por donde la masa de buitres, que se incrementaba hasta reunirse cincuenta o cien, según el tamaño de la res, despiezaban vísceras, músculos y articulaciones. Y en aquella lucha feroz, que iba transformando el cadáver en un mar de piltrafas, saltaban por el aire, caían por el suelo, mil pequeños pedazos que los leonados despreciaban por no ser de tamaño digno de su voracidad. Y eso es, lo que iba comiendo el buitre sabio. Saltando entonces no ya para llamar la atención, sino para atrapar aquel pedazo de hígado que ha caído aquí, aquella tripa suelta que ha quedado allá, aquel pingajo de músculo pendiendo del hueso despreciado por uno de los grandes buitres. Iba quedando limpia la verde pradera de la cueva de La Verana.”

En febrero de 1974 había ido a Montejo de la Vega a filmar la buitrera segoviana de las hoces del río Riaza. La disminución de esta población de buitre leonado, que él y Valverde había frecuentado en su juventud, le asustó. Puso en marcha un Refugio que se inauguró el 13 de enero de 1975, con asistencia de los Príncipes de España, el Príncipe Bernardo de Holanda, el ministro de Agricultura, gobernadores civiles y presidentes de las Diputaciones de las cinco provincias cercanas, entre otros altos cargos. Fue decisivo para la recuperación de las carroñeras.

Un censo de dio en 1979 la cifra de 3.240 parejas de buitre leonados. Hoy son 25.000.

Las 206 parejas de buitre negro de 1974 han pasado a 1.845 parejas reproductoras actuales y las 20 parejas de Quebrantahuesos que había en Pirineos en 1974 han pasado a 140. El alimoche, otrora superabundante, se derrumbó en los últimos 30 años. Se cree queden 1.400 parejas, con un ligero repunte esperanzador en los últimos años

Felix no podía imaginar la espectacular recuperación de tres de las cuatro especies de buitres españolas. De las bondades de los buitres decía en ese programa de Radio Nacional:

“Los buitres leonados eran la mejor política sanitaria de nuestros campos. De esta manera, los buitres y los labradores, aquella gran población rural española formaban como un todo que se ayudaba en yo te doy proteínas y tu me limpias mis campos de podredumbres. Pero, amigos míos, los mulos y los burros, y las mulas, y todo el ganado de labor, ha sido sustituido por los tractores. La ganadería lanar ha disminuido enormemente y se estabula porque nadie quiere ser pastor. Los niños ya tienen muy pocos amigos que sean viejos caballos píos, de piel tachonado de manchas, que un día se morían y se los comían los buitres. Es otro el idioma, es otra la poesía, es otra la música del campo.”

No contaba Félix con que los buitres se iban a recuperar en cuanto se redujera el uso de veneno en el campo y los tiroteos. Se adaptaron a comer ganado estabulado arrojado al vertedero. Pero ese cambio también se vio amenazado hacia el año 2000 cuando con el problema de las vacas locas, se prohibió el depósito de los animales muertos en el campo. Se mitigó con una ley que permite de nuevo alimentar a los buitres.

En dos monografías de la revista ‘El Cárabo’, la última publicada en mayo de 2017, se dice que hasta hace 10.000 años, en el Paleolítico “los buitres se beneficiaban de los cadáveres abandonados por los grandes rebaños de Uros, Bisontes y Caballos salvajes que vagaban en libertad a través de Europa. ¡Qué bella época!… pero no lo pensemos más, aquello se acabó. Actualmente, son animales de granja: bueyes, cerdos, ovejas…”

Eso fue así, y no tiene por qué no volver a ser. Las iniciativas de rewilding en marcha tratan de recuperar animales equivalentes al uro y al tarpán, amén de los bisontes, los grandes herbívoros, que vuelvan a ocupar el nicho ecológico que hace 5.000 años les arrebató la ganadería. De nuevo las especies carroñeras, incluidos el lobo y el oso, además de las rapaces, podrán alimentarse de los grandes herbívoros salvajes que sucumban.

‘El Cárabo’ describe en los números 79 y 81, las diferentes pautas de su biología:

“Sobre las 9 o las 10 de la mañana, se acabó la meditación del buitres leonados. Empieza a hacer calor y por encima de ciertos sectores del paisaje surgen gigantescas burbujas de aire caliente y ligero. Se denominan, térmicas, que se elevan en el espacio como fantásticos globos transparentes. La ventaja de habitar en un acantilado es que basta con lanzarse al viento … ¡Y pluf! En marcha. Es el momento que todos los Buitres esperaban… Unos tras otros, se dejan caer al vacío, primero con la cabeza y, en unos cuantos aleteos, corren a alojarse en las columnas de aire más cercanas. Se trata de fabulosos ascensores para rapaces, puedes creerme, en ellos el aire sube a la velocidad de varios metros por segundo y les lleva en menos de un cuarto de hora a una altitud increíble, de mil, dos mil metros de altura, y a veces más. Lo único que ha de hacer es describir continuamente círculos en el cielo, sin batir ni una sola vez las alas, como en un tíovivo, para –sobre todo– no salirse de mi globo.”

“Los buitres leonados son las únicas rapaces en el mundo que viven en grupos, en poblados, al igual que los humanos. Incluso la búsqueda de alimento se hace en equipo. Han puesto en práctica una táctica de lo más impresionante. Cada día, pasan sistemáticamente el peine fino por una inmensa región, a veces tan grande como una provincia o una autonomía entera: cuatro o cinco mil kilómetros cuadrados. Y cada uno viaja por separado en el cielo, esforzándose en recorrer el máximo posible de kilómetros, mientras mira muy atentamente hacia abajo para ver si una carroña se esconde en alguna parte sobre la hierba. ¡Y todo ello durante cinco o seis horas de reloj!”

“La escuadrilla se dispersa en todas direcciones. No hay un plan preciso de batalla, se dividen el trabajo un poco al azar. Cada uno patrullará de su lado, en la dirección que más le guste, inspeccionando infatigablemente el suelo con la esperanza de encontrar algo. Y el primero que encuentre algo interesante pasará el mensaje inmediatamente a sus camaradas.”

“Cada buitre leonado no solamente ve el suelo que tiene debajo de él, sino que ve a los otros buitres que se van extendiendo sobre la llanura como un desplegado ejército explorador.” En cuanto uno de ello se abalanza sobre una carroña, ese picado desencadena el de los demás, que se atraen una a otros a la carroña en cadena desde distancias asombrosas.

Continúa ‘El Cárabo‘ su relato:

“El Buitre lo es todo salvo un depredador. La Naturaleza le ha equipado tan mal que es realmente una vergüenza. Sus patas tienen el aspecto de haber sido más bien concebidas para recorridos pedestres… son casi incapaces de transportar nada entre sus garras.”

“A menos de tener un hambre horrible, no se posan en un sitio que no parezca totalmente tranquilo y seguro, si no es así… se largan… Cuando detectan cuervos agitándose alrededor de un caballo desparramado en el campo, consideran por lo general que es señal inequívoca de que se  puede aterrizar sin peligro.”

“En España, donde los Buitres leonados son muy numerosos, a diferencia del resto de Europa, se llegan a concentrar regimientos de 350 convidados reunidos alrededor de los despojos mortales de una maltrecha vaca. Con las garras levantadas y las alas estiradas sembrando a los cuatro vientos sus plumas, reparten empujones y picotazos a sus vecinos a derecha e izquierda, se suben a la espalda de los primer llegados en una melée furiosa, confusa, caótica y absolutamente indescriptible.”

(NOTA: Todos los dibujos de esta entrada del buitre proceden de los números 79 y 81 de “El Cárabo” / “La Hulotte”, dedicados a esta especie tienen © de Pierre Deom. Agradecemos a Álvaro Lorite su colaboración desinteresada sacando los cortes con las citas de FRF en Radio Nacional de España que cuelgan de la web de “Radiotelevisión a la carta”: Pulsa aquí para enlazar a las cintas completas de RTVE).

Bibliografía:

https://www.seo.org/wp-content/uploads/2012/04/30_buitre_leonado.pdf

https://www.seo.org/wp-content/uploads/2012/04/13_buitrenegro.pdf

http://www.seo.org/wp-content/uploads/2012/04/31_alimoche.pdf

http://www.mapama.gob.es/es/biodiversidad/temas/inventarios-nacionales/quebrantahuesos_tcm7-21855.pdf

http://www.enciclopediadelasaves.es/originales/Docs/PDF/F137/Alimoche_comUn-Libro_Rojo.pdf

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